Icono del sitio Elige tu momento de ser madre

Guía completa de tratamientos de fertilidad: IA, FIV y preservación de la fertilidad

Cuando escuchamos por primera vez términos como inseminación artificial, fecundación in vitro o vitrificación de óvulos, es normal que surjan dudas. A veces incluso cierta sensación de vértigo. Son palabras que cada vez más forman parte de nuestras conversaciones, pero no siempre sabemos realmente qué implican.

La realidad es que en España la reproducción asistida ya no es algo excepcional. Hoy, más del 10 % de los nacimientos en nuestro país se producen gracias a estas técnicas¹. Detrás de ese dato no solo hay avance científico, sino historias reales: personas que han decidido no dejar su proyecto reproductivo al azar y buscar acompañamiento cuando lo han necesitado.

Cada vez planificamos más nuestra vida —los estudios, el trabajo, dónde queremos vivir— y también empezamos a planificar, de forma más consciente, nuestra fertilidad. Informarse no significa adelantarse ni alarmarse; significa entender qué opciones existen para poder decidir con tranquilidad.

Por eso quiero explicarte, de manera clara y cercana, en qué consisten las principales alternativas: la inseminación artificial (IA), la fecundación in vitro (FIV) y la preservación de la fertilidad. Porque comprenderlas es el primer paso para tomar decisiones desde la información y no desde la incertidumbre.

¿Cuándo se recomienda acudir a reproducción asistida?

Antes de entrar en las técnicas concretas, me parece importante aclarar algo que genera muchas dudas: ¿cuándo podemos hablar realmente de un problema de fertilidad?

Según la definición de la Organización Mundial de la Salud, se considera infertilidad cuando no se logra un embarazo tras 12 meses de relaciones sexuales regulares sin protección². Es un criterio médico que nos sirve como referencia, pero cada historia es diferente y no siempre hay que esperar exactamente ese tiempo si existen dudas o antecedentes que aconsejen consultar antes.

En España, entre el 15 % y el 17 % de las parejas en edad reproductiva experimentan dificultades para concebir¹. Y algo que conviene recordar es que la fertilidad no depende solo de la mujer: las causas pueden ser femeninas, masculinas, combinadas o, en algunos casos, no identificarse con claridad.

Consultar no significa empezar automáticamente un tratamiento. Muchas veces el primer paso es simplemente entender qué está ocurriendo. Un estudio adecuado y un acompañamiento médico personalizado permiten valorar opciones con calma y decidir cuál —si es que alguna— es la más adecuada en cada caso.

Inseminación artificial (IA): un procedimiento sencillo y menos invasivo

La inseminación artificial suele ser una de las primeras opciones que valoramos cuando existen dificultades para lograr un embarazo. Es una técnica relativamente sencilla que consiste en depositar en el útero una muestra de espermatozoides previamente preparada en el laboratorio, en el momento más adecuado del ciclo.

Se recomienda, por ejemplo, cuando hay alteraciones leves en el semen, dificultades en la ovulación, casos de infertilidad de origen no filiado o cuando se recurre a semen de donante. Es un procedimiento ambulatorio, poco invasivo y, en general, bien tolerado. En algunos casos se acompaña de una estimulación ovárica suave para favorecer la ovulación y optimizar las posibilidades.

En nuestro país, la probabilidad de embarazo por ciclo de inseminación artificial se sitúa en torno al 10–20 %¹. Más allá del número concreto, lo importante es entender que no se trata de una solución inmediata, sino de un proceso que puede requerir varios intentos y una valoración individualizada.

Fecundación in vitro (FIV): cuando necesitamos un paso más

La fecundación in vitro es una técnica más compleja que la inseminación artificial y suele plantearse cuando necesitamos aumentar las probabilidades o cuando existen determinadas causas médicas que dificultan el embarazo de forma natural. El proceso consiste en estimular los ovarios para obtener varios óvulos, fecundarlos en el laboratorio y, unos días después, transferir al útero el embrión con mejor evolución.

En algunos casos se utiliza una variante llamada ICSI, en la que se introduce un espermatozoide directamente dentro del óvulo. Esta técnica resulta especialmente útil cuando existen alteraciones importantes en la calidad seminal.

La FIV puede estar indicada cuando hay obstrucción de trompas, endometriosis moderada o avanzada, alteraciones significativas del semen, cuando no se ha logrado embarazo tras varios intentos previos con inseminación o cuando se utilizan óvulos previamente vitrificados. Cada indicación responde a una situación clínica concreta, y por eso la valoración individual es fundamental.

En España, la probabilidad de embarazo por transferencia embrionaria en FIV con óvulos propios se sitúa en torno al 30–40 % por intento¹. Como ocurre en todos los tratamientos de fertilidad, el pronóstico depende de distintos factores médicos y personales, por lo que es importante abordar cada proceso con expectativas realistas y acompañamiento especializado.

Preservación de la fertilidad: ampliar el margen de decisión

En los últimos años, cada vez más personas se plantean preservar su fertilidad. La técnica más conocida es la vitrificación de óvulos, que permite congelarlos para utilizarlos más adelante, cuando las circunstancias personales o médicas sean más favorables.

Esta opción puede estar indicada antes de iniciar tratamientos médicos —como algunos oncológicos— que puedan afectar a la función ovárica. Pero también es una decisión que algunas mujeres toman por motivos personales, cuando desean posponer la maternidad sin renunciar a la posibilidad biológica.

Actualmente, más del 90 % de los óvulos sobreviven al proceso de congelación y descongelación³, lo que ha convertido esta técnica en una herramienta segura y eficaz dentro de la medicina reproductiva.

La preservación no es una garantía, pero es una manera de alinear mejor los tiempos biológicos con los tiempos personales y profesionales.

La reproducción asistida ha avanzado de forma extraordinaria en las últimas décadas y hoy ofrece más posibilidades que nunca. Pero, más allá de la técnica concreta —inseminación artificial, fecundación in vitro o preservación—, es importante recordar que no existe un único camino válido. Cada persona, cada pareja y cada historia reproductiva es diferente, y por eso las decisiones no deberían basarse en comparaciones, sino en una valoración individual y acompañada.

Hablar de tratamientos de fertilidad no es hablar de fracaso, sino de opciones. Informarse, consultar con profesionales especializados y comprender la propia situación médica permite tomar decisiones con mayor serenidad. Al final, la tecnología es una herramienta; lo verdaderamente transformador es poder elegir desde el conocimiento, la confianza y la tranquilidad.

Referencias:

  1. Sociedad Española de Fertilidad. (2023). Registro Nacional de Actividad 2023. https://www.sefertilidad.net/documentos/lyOlTrkPKvRdGKY_wA1sINHS7Btlw189LVFTlHd5eE.pdf
  2. Organización Mundial de la Salud. (s. f.). Infertility. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/infertility
  3. Quirónsalud. (s. f.). Vitrificación de ovocitos y embriones. https://www.quironsalud.com/reproduccionasistida/es/tratamientos-tecnicasservicios/vitrificacion-ovocitos-embriones
Salir de la versión móvil