Estadísticas actuales sobre fertilidad y su impacto en la planificación familiar

Cuando hablamos de fertilidad, pocas veces lo hacemos desde los datos. Normalmente lo hacemos desde la experiencia personal, desde lo que vemos a nuestro alrededor o desde aquello que damos por hecho: que cuando llegue el momento, todo irá bien. Sin embargo, las estadísticas actuales sobre fertilidad nos invitan a mirar esta realidad con un poco más de perspectiva. 

La fertilidad se ha convertido en uno de los grandes temas de nuestro tiempo, no solo por su impacto demográfico, sino porque influye directamente en decisiones vitales tan importantes como cuándo y cómo formar una familia. Hoy, tener hijos ya no responde a un patrón único ni predecible. Los ritmos han cambiado, las circunstancias también, y la biología —aunque sigue ahí— a menudo queda en un segundo plano. 

Hablar de datos no es hablar de presión. Para mí, es una forma de ofrecer contexto y acompañar mejor las decisiones que cada persona toma a lo largo de su vida reproductiva. 

La fertilidad en el mundo: una tendencia a la baja 

A nivel global, la tasa de fecundidad —el número medio de hijos por mujer— ha disminuido de forma sostenida en las últimas décadas. Según organismos internacionales como el Banco Mundial o la Comisión Europea, la fecundidad mundial se sitúa actualmente en torno a los 2,3 hijos por mujer. 

Esta tendencia no es homogénea, pero sí muy clara en Europa. En la Unión Europea, la tasa de fecundidad alcanzó en 2023 uno de sus mínimos, situándose en torno a 1,38 nacimientos por mujer. Son cifras que a menudo se asocian a debates sobre envejecimiento poblacional o sostenibilidad económica, pero que en realidad reflejan algo mucho más cercano: cada vez más personas tienen menos hijos de los que imaginaban o retrasan la decisión de tenerlos hasta etapas más avanzadas de la vida. 

Detrás de estos números hay historias personales, decisiones meditadas y, en muchos casos, circunstancias que no siempre dependen de un deseo consciente de posponer la maternidad o la paternidad. 

Retraso en la maternidad: una tendencia consolidada 

Uno de los factores que más claramente explica el descenso de la natalidad es el retraso en la edad a la que se tiene el primer hijo. En países como España o Italia, el primer hijo llega hoy, de media, en torno a los 32 años. 

Este retraso responde a muchos factores que forman parte de nuestra realidad cotidiana: más años dedicados a la formación, inestabilidad laboral en las primeras etapas profesionales, dificultades para acceder a una vivienda o mayores exigencias de conciliación. La maternidad ya no se vive como un punto de partida, sino como una decisión que requiere una base sólida previa. 

Lo que a veces olvidamos es que la fertilidad biológica sigue un ritmo distinto. A partir de determinadas edades, la probabilidad de concebir disminuye progresivamente, incluso en personas sin problemas de salud aparentes. Este desfase entre el calendario social y el biológico tiene un impacto directo en la planificación familiar y explica por qué muchas personas se enfrentan a dificultades que no esperaban. 

Infertilidad: una realidad frecuente y global 

En este contexto, la infertilidad emerge como un factor clave que con frecuencia se subestima. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta infertilidad a lo largo de su vida. Este dato ayuda a normalizar una realidad que durante mucho tiempo se ha vivido en silencio. 

La infertilidad puede afectar tanto a mujeres como a hombres y no distingue entre países ni niveles de ingresos. Muchas personas descubren que concebir no es inmediato cuando deciden buscar un embarazo, y en esos casos el tiempo vuelve a convertirse en un elemento decisivo. Iniciar la búsqueda en edades más avanzadas puede reducir el margen para el diagnóstico, el acompañamiento y la toma de decisiones con calma. 

Diversos estudios señalan que el retraso en la maternidad y la paternidad puede aumentar la distancia entre el número de hijos que se desean y los que finalmente se tienen. No siempre se trata de una renuncia consciente, sino de un contexto que no siempre juega a favor. 

Información para planificar con mayor conciencia 

En un escenario como el actual, la información se convierte en una herramienta clave. Conocer cómo evoluciona la fertilidad con la edad, entender que la infertilidad es relativamente frecuente y saber que existen opciones de acompañamiento permite planificar con mayor conciencia y menos incertidumbre. 

Hablar de fertilidad a partir de datos no debería generar alarma, sino claridad. Las estadísticas no dictan decisiones individuales, pero sí ayudan a desmontar mitos muy arraigados, como la idea de que siempre habrá tiempo o de que la fertilidad está garantizada independientemente de la edad. 

Integrar la salud reproductiva en la planificación vital —igual que hacemos con otros aspectos importantes de nuestra vida— permite tomar decisiones más alineadas con nuestros deseos y circunstancias. Informarse y consultar no implica adelantar etapas, sino ampliar opciones y reducir la improvisación. 

En un mundo en el que las trayectorias personales son cada vez menos lineales, contar con información fiable sobre fertilidad es, para mí, una forma de acompañar mejor y de decidir con mayor tranquilidad y libertad. 

 

Otras fuentes consultadas 

  • OCDE. Society at a Glance 2024: OECD Social Indicators.
  • The Lancet. Global fertility trends and forecasts, 1950–2100. Global Burden of Disease Study 2021. 

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