Durante mucho tiempo, hablar de fertilidad significaba hablar de embarazo. Sin embargo, cada vez más mujeres se acercan a la consulta con una pregunta diferente: “¿Qué opciones tengo si quiero ser madre más adelante?”.
La respuesta no siempre es sencilla, porque los proyectos de vida han cambiado. Hoy muchas mujeres priorizan su formación, su desarrollo profesional, la estabilidad económica o simplemente sienten que todavía no ha llegado el momento adecuado para plantearse la maternidad. Otras aún no tienen claro si desean tener hijos, pero quieren conocer las alternativas disponibles para mantener abiertas sus opciones de cara al futuro.
En este contexto, la preservación de la fertilidad se ha convertido en una herramienta que permite ganar tiempo reproductivo. Sin embargo, antes de tomar una decisión, es importante comprender qué puede ofrecer realmente esta técnica, cuáles son sus limitaciones y qué factores conviene valorar.
Una herramienta para ampliar opciones, no para garantizar resultados
Cuando hablamos de preservación de la fertilidad solemos referirnos a la vitrificación de ovocitos, una técnica que permite obtener y congelar óvulos para utilizarlos en el futuro si la mujer decide buscar un embarazo1.
Es importante entender que este procedimiento no funciona como un seguro de maternidad. Congelar óvulos no garantiza que se conseguirá un embarazo años después, pero sí permite conservar ovocitos con la calidad biológica que tienen en el momento en que son extraídos, algo especialmente relevante porque la fertilidad femenina disminuye de forma natural con la edad.
Por este motivo, muchas mujeres consideran esta opción como una forma de ampliar sus posibilidades reproductivas futuras, especialmente cuando sienten que todavía no es el momento adecuado para iniciar un proyecto de maternidad.
La edad y el momento vital: dos tiempos que no siempre coinciden
La fertilidad femenina está directamente relacionada con la edad, aunque no es el único factor que la determina. Con el paso de los años, la cantidad y la calidad de los ovocitos disminuyen de forma progresiva, especialmente a partir de los 35 años. Este cambio forma parte del proceso biológico natural y puede influir tanto en las probabilidades de embarazo como en el tiempo necesario para conseguirlo1.
Sin embargo, el tiempo vital no siempre sigue la misma lógica. Muchas mujeres se encuentran en etapas de su vida en las que priorizan otros aspectos: estabilidad laboral, desarrollo profesional, relaciones personales o simplemente la sensación de no estar aún en el momento adecuado.
Es precisamente en ese espacio intermedio donde empieza a tener sentido hablar de preservación de la fertilidad, no como una decisión impulsiva, sino como una posibilidad que se valora con información y acompañamiento médico.
Conocer la fertilidad antes de decidir sobre ella
Antes de plantear cualquier intervención, suele ser fundamental entender cuál es la situación reproductiva de cada persona. Este primer acercamiento no tiene tanto que ver con decidir, sino con conocer.
En mujeres, este estudio suele incluir una valoración de la reserva ovárica mediante análisis hormonales y ecografía ginecológica, que permite estimar el número de folículos disponibles en ese momento. En algunos casos también se revisan antecedentes médicos o situaciones que puedan influir en la fertilidad futura. En hombres, la evaluación se centra en el seminograma, que permite analizar la calidad del semen.
Esta información no determina un destino, pero sí aporta un punto de partida más claro para tomar decisiones informadas. En muchos casos, este momento de conocimiento ya supone un punto de inflexión, porque convierte una idea abstracta en datos concretos.
Qué ocurre cuando decidimos preservar la fertilidad
Cuando una persona decide avanzar con la preservación de la fertilidad, el proceso suele comenzar con una fase de preparación médica que permite sincronizar el tratamiento con el ciclo menstrual en el caso de las mujeres.
Durante unos días se administra medicación hormonal con el objetivo de estimular los ovarios para que desarrollen varios ovocitos en un mismo ciclo. Este proceso se acompaña de controles ecográficos y analíticos que permiten ajustar la respuesta del organismo de forma individualizada2.
Cuando los ovocitos alcanzan el grado de maduración adecuado, se realiza la extracción mediante un procedimiento ambulatorio que se lleva a cabo bajo sedación, por lo que no suele ser doloroso.
Posteriormente, los ovocitos se congelan mediante vitrificación, una técnica de congelación ultrarrápida que permite preservar su estructura celular.
A partir de ese momento, los ovocitos quedan almacenados hasta que la persona decida si quiere utilizarlos en el futuro.
Es importante entender que este proceso no modifica la fertilidad actual ni garantiza un embarazo posterior, pero sí permite conservar ovocitos en el estado en el que fueron obtenidos, lo que puede ser relevante en términos reproductivos.
Aunque la preservación de la fertilidad puede realizarse en diferentes momentos, la edad sigue siendo un factor clave. No tanto por una cuestión de posibilidad técnica, sino por la calidad biológica de los ovocitos. Cuanto más joven es la mujer en el momento de la vitrificación, mayor suele ser la calidad de los ovocitos preservados3. Por este motivo, en términos médicos, la decisión tiende a ser más eficiente cuando se realiza de forma más temprana.
Sin embargo, esta información no debe interpretarse como una presión, sino como un elemento más dentro de una decisión que también incluye aspectos personales, emocionales y sociales.
Hablar de fertilidad también es hablar de vida real: de trabajos que no siempre permiten flexibilidad, de situaciones económicas cambiantes, de relaciones que evolucionan y de expectativas sociales que no siempre encajan con los propios deseos o tiempos.
En este contexto, la preservación de la fertilidad puede entenderse, para algunas mujeres, como una forma de reducir la incertidumbre o de acompañar decisiones que todavía no están del todo definidas. No todas las personas que se informan sobre esta opción terminan realizándola, y ese recorrido también forma parte del proceso.
Lo importante no es solo conocer la técnica, sino comprender qué implica, qué puede aportarnos y qué nos garantiza. A partir de ahí, la decisión se vuelve más consciente, más informada y alineada con el propio momento vital, desde la libertad de poder elegir sin presión el cuándo y el cómo de la maternidad.
Referencias:
1. Sociedad Española de Fertilidad – SEF – España retrasa la maternidad: impacto en la fertilidad y la reproducción asistida. (s. f.). https://www.sefertilidad.net/?seccion=blog&subSeccion=detalleBlog&id=4O_sY_5oIVr3YBmbNcrcr21jxPZUR9hMDGwj3S02tg&title=Espa%C3%B1a+retrasa+la+maternidad%3A+impacto+en+la+fertilidad+y+la+reproducci%C3%B3n+asistida
2. NOW-fertility. (2023, 20 septiembre). Preguntas comunes sobre la congelación de óvulos – NOW-fertility. https://now-fertility.com/es/recursos/documentos-informativos/preguntas-comunes-sobre-la-congelacion-de-ovulos/
3. Kesharwani, D. K., Mohammad, S., Acharya, N., & Joshi, K. S. (2022). Fertility With Early Reduction of Ovarian Reserve. Cureus, 14(10), e30326. https://doi.org/10.7759/cureus.30326
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