
Hablar de fertilidad no siempre es fácil. A lo largo de mi experiencia, he visto cómo términos como endometriosis, síndrome de ovario poliquístico (SOP) o varicocele generan muchas dudas, miedos e incertidumbre. Son palabras que aparecen con frecuencia en consultas médicas y búsquedas en internet, pero entender qué significan realmente —y cómo pueden afectar a la capacidad reproductiva— es fundamental para tomar decisiones informadas y mirar al futuro con más calma.
Quiero contarte, de forma clara y cercana, cómo estas condiciones pueden influir en la fertilidad y, sobre todo, transmitir un mensaje importante: tener un diagnóstico no significa perder la esperanza.
Endometriosis: cuando el tejido uterino crece fuera del útero
La endometriosis es una enfermedad compleja en la que el tejido endometrial —el que normalmente recubre el interior del útero— crece fuera de él, provocando inflamación crónica y, en muchos casos, dolor. Se estima que afecta aproximadamente al 3–10 % de la población general, y que hasta el 50 % de las mujeres que tienen dificultades para concebir pueden presentar endometriosis¹.
Estas cifras pueden asustar al principio, lo sé. Pero es importante dejar algo muy claro: tener endometriosis no significa que el embarazo sea imposible. Existen diferentes opciones para mejorar la fertilidad, desde tratamientos médicos y cirugía para restaurar la anatomía pélvica hasta técnicas de reproducción asistida. Cada caso es único, y contar con un buen acompañamiento médico marca la diferencia.
SOP: un trastorno hormonal con impacto en la ovulación
El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es un trastorno hormonal que puede alterar el ciclo menstrual y dificultar la ovulación. Se calcula que entre el 6 % y el 13 % de las mujeres en edad reproductiva lo presentan, y que hasta un 70 % de ellas aún no han sido diagnosticadas².
Muchos estudios muestran que alrededor del 72 % de las mujeres con SOP refieren dificultades para concebir³, lo que explica por qué este diagnóstico genera tanta preocupación. Aun así, quiero insistir en algo fundamental: el SOP no cierra la puerta a la maternidad. Con cambios en el estilo de vida, tratamientos hormonales o técnicas de estimulación ovárica, muchas mujeres logran embarazos espontáneos o con ayuda médica.
Varicocele: cuando la fertilidad masculina también cuenta
El varicocele es una afección masculina caracterizada por la dilatación de las venas del cordón espermático, que puede afectar la producción y calidad de los espermatozoides. Es más frecuente en hombres jóvenes (entre 15 y 25 años)4 y, aunque no todos los casos requieren intervención inmediata, puede convertirse en un factor determinante cuando se buscan resultados reproductivos.
El tratamiento del varicocele, que incluye cirugía o técnicas mínimamente invasivas, puede mejorar la calidad del semen y aumentar las probabilidades de embarazo, mostrando que la fertilidad masculina también puede optimizarse con estrategias adecuadas.
Un enfoque integral y esperanzador
Endometriosis, SOP y varicocele son condiciones que pueden influir en la fertilidad, pero no la determinan de manera absoluta. La clave está en la información, la evaluación médica oportuna y la planificación consciente. Conocer estas condiciones permite a las personas y parejas anticipar dificultades, explorar opciones y tomar decisiones fundamentadas sobre su camino reproductivo.
En la práctica, la fertilidad no es un destino fijo, sino un recorrido que puede ser acompañado, tratado y optimizado. La combinación de prevención, diagnóstico temprano y tratamientos personalizados abre un abanico de posibilidades: desde concebir de manera natural hasta aprovechar las técnicas de reproducción asistida con éxito.
Comprender estas condiciones y actuar con información es, en definitiva, recuperar el control sobre la propia fertilidad y encarar el futuro reproductivo con seguridad, esperanza y libertad de decisión.
Referencias:
En nuestra sociedad, la maternidad es considerada como un poder que tiene la mujer, algo innato, y cuesta entender que este “poder”, con el que se cuenta desde niñas, no sea real. El retraso en la edad de la maternidad es una de las principales causas de infertilidad; sabemos que a partir de los 35 años las posibilidades de lograr un embarazo de forma natural se van reduciendo, pero hoy día, la edad a la que una mujer intenta tener su primer hijo ronda los 33 años, y muchas lo hacen cerca de los 40, porque lo que ese embarazo, con el contaban, no llega.
La mujer siente que ha perdido el control, y centra su vida en conseguirlo, dejando a un lado la familia, el deporte, el trabajo, sus relaciones sociales y de pareja, es decir, sus rutinas. Dejar de hacer cosas gratificantes es más perjudicial que beneficioso, ya que, en un momento de estrés como el que se vive cuando se pasa por un proceso de reproducción asistida, la mujer necesita esos estímulos positivos.
Por otro lado, surgen varias emociones negativas, la ansiedad, la culpa, la rabia, la desesperanza, el miedo, … y la gestión de estas determinará como se va a vivir todo el proceso de la reproducción asistida. Las emociones negativas son inevitables, pero está demostrado que, si la mujer o la pareja acepta la situación, si afrontan los tratamientos de forma positiva, el tratamiento es más efectivo y tienen más adhesión a él. Aceptar la situación es, entre otras cosas, liberarse de la culpa, entender que nadie es responsable de tener baja reserva ovárica, las Trompas de Falopio obstruidas o endometriosis, factores, todos estos, que pueden causar infertilidad.
La psicóloga aconseja acudir a un especialista para hablar de cómo esta viviendo el proceso, ya que ni con el equipo médico ni con su entorno más cercano se abre como lo hace con un terapeuta.
Una de cada seis personas, o lo que es lo mismo, entre un 12,6 y un 17,5% de parejas en edad reproductiva en todo el mundo son infértiles, así lo revela un informe de la Organización Mundial de la Salud publicado recientemente. Con estos datos sobre la mesa, hemos querido preguntar a la doctora Amelia Rodríguez Aranda, directora médica del Grupo Eugin, cuáles son los principales factores que impactan en nuestra fertilidad.
El principal factor es de sobra conocido: la edad de la mujer. En España, más del 11% de los nacimientos son de madres de 40 años o más, y la edad media de la maternidad se sitúa casi en los 33 años, un dato que lleva creciendo cada año desde 1975, primer año en el que hay registro, cuando la edad media se situaba en los 28 años. Además, en los últimos años, los partos de mujeres entre los 45 y los 49 años han crecido un 50,6%. Los motivos del retraso en la edad a la que una mujer tiene su primer hijo son, principalmente, sociológicos, por lo que, desde el punto de vista médico, poco se puede hacer, pero sí se puede actuar contra otros factores para prevenir o reducir la infertilidad.
Hay diversas patologías que pueden impactar sobre la fertilidad, como la endometriosis, el síndrome del ovario poliquístico o los miomas uterinos, y si estas se detectan de forma rápida y se incide sobre ellas, se puede ganar mucho tiempo a la hora de conseguir un embarazo, ya sea de forma natural o con técnicas de reproducción asistida.
Se recomienda acudir a un especialista si no se logra un embarazo tras 12 meses manteniendo relaciones con frecuencia y sin protección o 6 meses en el caso de que la mujer tenga más de 35 años, pero también es necesario acudir al ginecólogo/a en caso de tener menstruaciones muy dolorosas o sangrado muy abundante, periodos irregulares, sangrado entre menstruaciones o cualquier otro síntoma que haga dudar. De este modo, será más sencillo detectar patologías que pueden tener un impacto negativo en la fertilidad.
Por otro lado, mantener un estilo de vida saludable, con una alimentación sana, durmiendo un mínimo de 7 horas diarias, practicando ejercicio con regularidad y evitando al máximo el consumo de tabaco y alcohol, pueden ayudar a mejorar la capacidad reproductiva.
La infertilidad esta, poco a poco, dejando de ser un tema tabú y cada vez hay más mujeres que hablan abiertamente de sus problemas a la hora de quedarse embarazada. Hoy os quiero recordar algunos datos sobre infertilidad que no nos contaron en su momento, porque con información se pueden tomar mejores decisiones.Septiembre es el mes de los inicios por excelencia, en mi caso lo es más que enero casi; es la vuelta al cole, la vuelta a la rutina para los niños y sus familias, pero también lo es para los que no tenemos hijos, ya que agosto, hayamos disfrutado o no de vacaciones, supone un parón, o al menos un freno, en nuestras rutinas diarias. Por eso me parece un buen mes para recordaros algunos datos sobre infertilidad que no nos contaron en su momento, para que cada mujer en edad fértil, este pensando o no en ser madre, tenga toda la información necesaria para tomar mejores decisiones.
Hablando con un grupo de amigas, algunas han sido madres gracias a la reproducción asistida, otras de forma natural, otras lo están intentando y alguna no quiere serlo, en lo que coincidimos todas es en que, si hubiéramos sabido con 25 o 30 años lo que sabemos ahora sobre la infertilidad, habríamos actuado distinto, desde pedir un simple test de fertilidad, donde se mide la reserva ovárica, o haber optado por congelar nuestros óvulos. La mayor parte de nosotras coincidimos en que el tema de la maternidad y de la fertilidad no es un tema que saque el especialista, por lo que, o tienes información de fuera, o piensas que no debe ser tan complicado quedarse embarazada.
Los años pasan, y creemos que es cuestión de ponerse y tener un poco de paciencia, pero no, y menos a partir de 35 años. Hay una gran cantidad de factores, además de la edad, que dificultan un embarazo, desde una endometriosis, una baja reserva ovárica, el Síndrome de ovario poliquístico o una obstrucción de las Trompas de Falopio, por nombrar algunas. Patologías que pasan en muchas ocasiones desapercibidas o que se manifiestan a través de un dolor que asumimos como normal por el hecho de ser mujeres y tener la menstruación.
Estamos acostumbrados, desde hace algunos años, que las tasas de natalidad sean cada vez más bajas; España ocupa un triste segundo puesto, por detrás de Italia, con el índice de natalidad más bajo, con 1,19 hijos por mujer en 2021, es decir, por cada 1.000 habitantes se dan 7,12 nacimientos. Los motivos por los que la natalidad sea tan baja son básicamente sociales, inestabilidad económica, inestabilidad y precariedad laboral, difícil acceso a una vivienda, o muchos otros factores que finalmente pueden derivar en un problema médico, ya que, cuando una mujer se plantea ser madre, lo hace más allá de los 35 años, cuando empiezan a surgir los primeros problemas de infertilidad.
Una de las cosas más importantes que debemos saber es que una mujer nace con un número de ovocitos limitados , no producirá más a lo largo de su vida, y en cada ovulación va perdiendo hasta llegar a la menopausia. La biología es inteligente, y cada mes, el ovario prepara los mejores óvulos para ser fecundados, esto quiere decir que los óvulos de una mujer con 30 años van a ser mejores que sus óvulos con 10 años más. Por ejemplo, una mujer con una baja reserva ovárica (es la cantidad de ovocitos que quedan en el ovario en un momento concreto) diagnosticada a los 25 años, está a tiempo de congelar sus óvulos y poder usarlos, si es que quiere, en el momento en que lo considere adecuado, pero si no conoce ese dato e intenta ser madre más adelante, igual se encuentra con problemas. Pero no solo una mujer con baja reserva ovárica; los óvulos que tenemos con 30 años son mejores que los que tenemos con 40 años, no me cansaré de repetirlo, y a la hora de buscar un embarazo con estos óvulos, la edad a tener en cuenta es la edad a la que fueron congelados, no la edad que tienes cuando los utilizas, por lo que, y esto es matemáticas, las posibilidades de quedarte embarazada son más altas.
Este es solo un ejemplo, pero las clínicas de fertilidad están llenas de mujeres mayores de 35 años que no consiguen quedarse embarazadas y para las que el proceso sería más rápido si hubieran congelado sus óvulos con anterioridad.
Afortunadamente hay algo de conciencia en la sociedad sobre el tema, muchas famosas han alzado la voz reconociendo que no pudieron cumplir su deseo de ser madres porque estaban volcadas en su trabajo y cuando lo intentaron, era demasiado tarde… Cada vez, sobre todo en redes sociales, hay más mujeres que cuentan que han congelado sus óvulos porque quieren preservar su fertilidad y muchas otras hablan de cómo están viviendo su tratamiento de reproducción asistida o su diagnóstico de infertilidad. Todas ellas coinciden en una cosa, “ojalá lo hubiera sabido antes”, porque en la maternidad el reloj no corre a nuestro favor, y cuanto antes conozcamos el problema más fácil será atajarlo.
Cada año son más las mujeres que se hacen un estudio de fertilidad mucho antes de querer ser madres, por lo que pueda pasar, pero, teniendo en cuenta que lo recomendable es que las mujeres nos hagamos un chequeo ginecológico una vez al año, no estaría de más que los especialistas nos recomendaran este tipo de pruebas, para no llevarnos sustos a la hora buscar un embarazo de forma natural.
Aunque hemos avanzado mucho en los últimos años, aún hay mucho que hacer, no me cansaré de repetirlo, la información es poder, pero esta información no llega siempre a quien lo necesita; es labor de todos, de profesionales, de compañeras de trabajo, de conocidas, de amigas y de familiares, hablar abiertamente sobre la fertilidad y la infertilidad, para que una mujer pueda tomar decisiones cuando aún está a tiempo y no ver truncado su sueño de ser madre por no haber tenido la información necesaria.
Ser madre con endometriosis es una pregunta frecuente de cualquier consulta de ginecología. La endometriosis es una enfermedad que padecen, aproximadamente, un 10% de las mujeres en edad fértil. Es una patología benigna crónica cuya sintomatología puede ser muy variable y no siempre focalizada en el aparato genital.
La endometriosis consiste en la implantación de tejido endometrial (tejido que recubre el interior del útero) fuera del útero, provocando una inflamación crónica en la zona donde se implanta. Sus síntomas suelen asociarse a la menstruación, presentando dolor intenso en algunos casos, por lo que las pacientes no acuden a consulta. El diagnóstico de esta enfermedad suele tardar unos 10 años aproximadamente. La endometriosis afecta de forma diferente a cada mujer, hay muchas que no presentan ningún síntoma, y en muchas ocasiones los especialistas la descubren en una ecografía o en una cirugía realizada por cualquier otro motivo. Para muchas mujeres, la endometriosis puede tener un impacto negativo en su calidad de vida, limitando su capacidad de trabajo, su vida familiar y social.
Es una de las principales causas de infertilidad femenina, alrededor del 40% de las mujeres que tiene problemas de fertilidad sufre endometriosis. Esto puede deberse al efecto que produce la endometriosis al alterar la anatomía del aparato genital interno; otras veces se produce cuando el miometrio (pared muscular del útero) está afectada y es lo que se denomina adenomiosis; o como consecuencia de cirugías repetidas sobre ovarios durante la extirpación de quistes.
Si tienes endometriosis y no te quedas embrazada después de intentarlo de manera natural durante 6 meses, lo mejor es acudir a un especialista en reproducción asistida para informarte sobre los tratamientos que te podrían ayudar a tener un bebé.
Una de las opciones que tiene una mujer con endometriosis es la preservación de la fertilidad mediante la congelación de óvulos; hay múltiples tratamientos de reproducción asistida que pueden aumentar las posibilidades de conseguir un embarazo. Si no sabes en qué consiste la congelación de óvulos, aquí tienes toda la información https://eligetumomentodesermadre.es/que-es-la-congelacion-de-ovulos/
Hablamos con la doctora Alexandra Izquierdo, directora médica de la Clínica Eugin Madrid, para entender la vinculación entre endometriosis y fertilidad y de las opciones que tiene una paciente que sufra esta patología de ser mamá.
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