Fertilidad y vuelta a la rutina: hábitos que pueden ayudarte a cuidar tu salud reproductiva

Septiembre suele ser sinónimo de nuevos comienzos. Tras el verano recuperamos horarios, retomamos proyectos y volvemos a hacer espacio en la agenda para aquellos asuntos que habíamos dejado en pausa. Para algunas mujeres y parejas, este momento también supone volver a plantearse un proyecto que quizá llevaba meses esperando: buscar un embarazo.

Cuando se habla de fertilidad, es habitual encontrar consejos sobre alimentación, ejercicio o suplementos. Sin embargo, cuidar la salud reproductiva va mucho más allá. La fertilidad depende de numerosos factores y, aunque no existe una fórmula que garantice un embarazo, sí hay aspectos que pueden revisarse antes de iniciar la búsqueda, para afrontarla con más información y tranquilidad.

Más que buscar fórmulas mágicas, la vuelta a la rutina puede ser una buena oportunidad para detenerse y poner el foco en aquello que sí está en nuestra mano: conocer mejor nuestra salud reproductiva, resolver posibles dudas con un profesional sanitario y adoptar algunas medidas preventivas respaldadas por la evidencia científica. Pequeños pasos que sí pueden ayudar a preparar este momento desde el autocuidado y la toma de decisiones informadas.

¿Cómo está nuestra salud reproductiva?

Cuando existe un deseo gestacional, uno de los primeros pasos puede ser realizar una consulta preconcepcional. Aunque todavía muchas personas desconocen en qué consiste, esta visita permite valorar el estado de salud general antes del embarazo e identificar posibles factores que podrían influir durante la gestación o en la fertilidad¹.

Durante esta consulta, el profesional sanitario revisa los antecedentes personales y familiares, las enfermedades previas, los tratamientos habituales y otros aspectos relacionados con la salud ginecológica y reproductiva. En algunos casos, también puede ser una oportunidad para resolver dudas sobre patologías como la endometriosis o el síndrome de ovario poliquístico, conocer si existe algún factor de riesgo que requiera un seguimiento específico o planificar el embarazo en las mejores condiciones posibles.

Más que una consulta pensada para quienes tienen dificultades para concebir se trata de una herramienta de prevención que permite anticiparse, resolver dudas y tomar decisiones informadas antes de iniciar la búsqueda.

Precisamente en este contexto suelen abordarse otros aspectos que, aunque a menudo pasan desapercibidos, también forman parte de la preparación para un embarazo. Uno de ellos es la suplementación con ácido fólico. Las principales sociedades científicas recomiendan comenzar a tomarlo, al menos, un mes antes de la concepción, ya que contribuye a prevenir defectos del tubo neural durante las primeras semanas de desarrollo embrionario, un momento en el que muchas mujeres todavía no saben que están embarazadas².

Esta consulta también permite revisar el calendario vacunal. Algunas vacunas, como la de la rubéola o la varicela, si no se han pasado previamente o no existe inmunidad, deben administrarse antes del embarazo. Otras, como la vacuna frente a la gripe o la tosferina, forman parte de las recomendaciones durante la gestación³. Del mismo modo, es importante revisar la medicación habitual, ya que algunos tratamientos pueden necesitar ajustes o alternativas antes de iniciar la búsqueda del embarazo. En cualquier caso, nunca conviene suspender un tratamiento por iniciativa propia sin consultar previamente con el profesional sanitario.

Conocer nuestro cuerpo es conocer nuestra fertilidad

Además de revisar estos aspectos médicos, conocer cómo funciona el propio cuerpo también puede aportar información muy valiosa sobre la salud reproductiva. En este sentido, el ciclo menstrual ofrece muchas más pistas que la fecha de la siguiente menstruación.

La duración de los ciclos, su regularidad o la presencia de síntomas como dolor intenso, sangrados muy abundantes o la ausencia de reglas pueden ser señales que conviene comentar durante una consulta médica. En ocasiones, estas alteraciones pueden estar relacionadas con patologías que afectan a la fertilidad y cuyo diagnóstico precoz puede facilitar un abordaje adecuado.

Conocer el propio ciclo no significa controlar cada día del calendario ni obsesionarse con identificar el momento exacto de la ovulación. Se trata, más bien, de entender cómo responde el organismo y de reconocer aquellos cambios que pueden ayudar a comprender mejor la propia salud reproductiva.

Este cuidado también pasa por recuperar hábitos que favorecen el bienestar general. Mantener un peso saludable, seguir una alimentación equilibrada, como la dieta mediterránea, realizar actividad física de forma regular, dormir las horas suficientes y evitar el consumo de tabaco son recomendaciones que contribuyen al correcto funcionamiento del organismo⁴. Aunque ninguno de estos hábitos garantiza un embarazo por sí solo, sí ayudan a crear un entorno favorable para la salud y forman parte del cuidado integral de la fertilidad.

Cuando el embarazo no llega, también es importante pedir ayuda

Buscar un embarazo no siempre ocurre al mismo ritmo para todas las personas. En algunos casos puede lograrse en pocos meses y, en otros, requerir más tiempo. Saber cuándo consultar con un especialista también forma parte del cuidado de la salud reproductiva.

Las recomendaciones actuales indican que, en mujeres menores de 35 años, conviene consultar con un especialista cuando ha transcurrido un año de relaciones sexuales frecuentes sin anticoncepción y no se ha conseguido el embarazo. A partir de los 35 años, ese tiempo se reduce a seis meses, ya que la edad influye de forma significativa en la fertilidad femenina¹.

No obstante, existen situaciones en las que puede ser recomendable acudir antes, como la presencia de ciclos muy irregulares, antecedentes de endometriosis, cirugías ginecológicas, enfermedades que puedan afectar a la fertilidad o factores masculinos conocidos. Lejos de generar preocupación, consultar a tiempo permite valorar cada caso de forma individualizada y resolver dudas con información basada en la evidencia.

Al igual que planificamos otros aspectos importantes de nuestra vida, dedicar tiempo a cuidar la salud reproductiva también puede ayudarnos a afrontar este proceso con mayor confianza y tranquilidad. Porque, aunque no existe una fórmula para conseguir un embarazo, sí existen herramientas e información que permiten recorrer este camino de una manera más consciente.

 

Referencias:  

  1. Prepregnancy Counseling. Pubmed. (s. f.). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30575679/
  2. Suplementos en embarazadas: controversias, evidencias y recomendaciones https://www.sanidad.gob.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/infMedic/docs/vol34n4_Suplementos.pdf. (s. f.). Ministerio de Sanidad.
  3. Calendario común de vacunación e inmunización a lo largo de toda la vida (s.f.) Ministerio de Sanidad. https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/calendario/docs/CalendarioVacunacion_Todalavida.pdf
  4. Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. (2022). Recomendaciones dietéticas para la población española. Ministerio de Consumo. https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/docs/documentos/nutricion/RECOMENDACIONES_DIETETICAS.pdf 

Preservación de la fertilidad: todo lo que necesitas saber antes de decidir

Durante mucho tiempo, hablar de fertilidad significaba hablar de embarazo. Sin embargo, cada vez más mujeres se acercan a la consulta con una pregunta diferente: “¿Qué opciones tengo si quiero ser madre más adelante?”.

La respuesta no siempre es sencilla, porque los proyectos de vida han cambiado. Hoy muchas mujeres priorizan su formación, su desarrollo profesional, la estabilidad económica o simplemente sienten que todavía no ha llegado el momento adecuado para plantearse la maternidad. Otras aún no tienen claro si desean tener hijos, pero quieren conocer las alternativas disponibles para mantener abiertas sus opciones de cara al futuro.

En este contexto, la preservación de la fertilidad se ha convertido en una herramienta que permite ganar tiempo reproductivo. Sin embargo, antes de tomar una decisión, es importante comprender qué puede ofrecer realmente esta técnica, cuáles son sus limitaciones y qué factores conviene valorar.

Una herramienta para ampliar opciones, no para garantizar resultados

Cuando hablamos de preservación de la fertilidad solemos referirnos a la vitrificación de ovocitos, una técnica que permite obtener y congelar óvulos para utilizarlos en el futuro si la mujer decide buscar un embarazo1.

Es importante entender que este procedimiento no funciona como un seguro de maternidad. Congelar óvulos no garantiza que se conseguirá un embarazo años después, pero sí permite conservar ovocitos con la calidad biológica que tienen en el momento en que son extraídos, algo especialmente relevante porque la fertilidad femenina disminuye de forma natural con la edad.

Por este motivo, muchas mujeres consideran esta opción como una forma de ampliar sus posibilidades reproductivas futuras, especialmente cuando sienten que todavía no es el momento adecuado para iniciar un proyecto de maternidad.

La edad y el momento vital: dos tiempos que no siempre coinciden

La fertilidad femenina está directamente relacionada con la edad, aunque no es el único factor que la determina. Con el paso de los años, la cantidad y la calidad de los ovocitos disminuyen de forma progresiva, especialmente a partir de los 35 años. Este cambio forma parte del proceso biológico natural y puede influir tanto en las probabilidades de embarazo como en el tiempo necesario para conseguirlo1.
Sin embargo, el tiempo vital no siempre sigue la misma lógica. Muchas mujeres se encuentran en etapas de su vida en las que priorizan otros aspectos: estabilidad laboral, desarrollo profesional, relaciones personales o simplemente la sensación de no estar aún en el momento adecuado.

Es precisamente en ese espacio intermedio donde empieza a tener sentido hablar de preservación de la fertilidad, no como una decisión impulsiva, sino como una posibilidad que se valora con información y acompañamiento médico.

Conocer la fertilidad antes de decidir sobre ella

Antes de plantear cualquier intervención, suele ser fundamental entender cuál es la situación reproductiva de cada persona. Este primer acercamiento no tiene tanto que ver con decidir, sino con conocer.

En mujeres, este estudio suele incluir una valoración de la reserva ovárica mediante análisis hormonales y ecografía ginecológica, que permite estimar el número de folículos disponibles en ese momento. En algunos casos también se revisan antecedentes médicos o situaciones que puedan influir en la fertilidad futura. En hombres, la evaluación se centra en el seminograma, que permite analizar la calidad del semen.

Esta información no determina un destino, pero sí aporta un punto de partida más claro para tomar decisiones informadas. En muchos casos, este momento de conocimiento ya supone un punto de inflexión, porque convierte una idea abstracta en datos concretos.

Qué ocurre cuando decidimos preservar la fertilidad

Cuando una persona decide avanzar con la preservación de la fertilidad, el proceso suele comenzar con una fase de preparación médica que permite sincronizar el tratamiento con el ciclo menstrual en el caso de las mujeres.

Durante unos días se administra medicación hormonal con el objetivo de estimular los ovarios para que desarrollen varios ovocitos en un mismo ciclo. Este proceso se acompaña de controles ecográficos y analíticos que permiten ajustar la respuesta del organismo de forma individualizada2.

Cuando los ovocitos alcanzan el grado de maduración adecuado, se realiza la extracción mediante un procedimiento ambulatorio que se lleva a cabo bajo sedación, por lo que no suele ser doloroso.

Posteriormente, los ovocitos se congelan mediante vitrificación, una técnica de congelación ultrarrápida que permite preservar su estructura celular.

A partir de ese momento, los ovocitos quedan almacenados hasta que la persona decida si quiere utilizarlos en el futuro.

Es importante entender que este proceso no modifica la fertilidad actual ni garantiza un embarazo posterior, pero sí permite conservar ovocitos en el estado en el que fueron obtenidos, lo que puede ser relevante en términos reproductivos.

Aunque la preservación de la fertilidad puede realizarse en diferentes momentos, la edad sigue siendo un factor clave. No tanto por una cuestión de posibilidad técnica, sino por la calidad biológica de los ovocitos. Cuanto más joven es la mujer en el momento de la vitrificación, mayor suele ser la calidad de los ovocitos preservados3. Por este motivo, en términos médicos, la decisión tiende a ser más eficiente cuando se realiza de forma más temprana.

Sin embargo, esta información no debe interpretarse como una presión, sino como un elemento más dentro de una decisión que también incluye aspectos personales, emocionales y sociales.
Hablar de fertilidad también es hablar de vida real: de trabajos que no siempre permiten flexibilidad, de situaciones económicas cambiantes, de relaciones que evolucionan y de expectativas sociales que no siempre encajan con los propios deseos o tiempos.

En este contexto, la preservación de la fertilidad puede entenderse, para algunas mujeres, como una forma de reducir la incertidumbre o de acompañar decisiones que todavía no están del todo definidas. No todas las personas que se informan sobre esta opción terminan realizándola, y ese recorrido también forma parte del proceso.

Lo importante no es solo conocer la técnica, sino comprender qué implica, qué puede aportarnos y qué nos garantiza. A partir de ahí, la decisión se vuelve más consciente, más informada y alineada con el propio momento vital, desde la libertad de poder elegir sin presión el cuándo y el cómo de la maternidad.

 

 

 

Referencias:
1. Sociedad Española de Fertilidad – SEF – España retrasa la maternidad: impacto en la fertilidad y la reproducción asistida. (s. f.). https://www.sefertilidad.net/?seccion=blog&subSeccion=detalleBlog&id=4O_sY_5oIVr3YBmbNcrcr21jxPZUR9hMDGwj3S02tg&title=Espa%C3%B1a+retrasa+la+maternidad%3A+impacto+en+la+fertilidad+y+la+reproducci%C3%B3n+asistida

2. NOW-fertility. (2023, 20 septiembre). Preguntas comunes sobre la congelación de óvulos – NOW-fertility. https://now-fertility.com/es/recursos/documentos-informativos/preguntas-comunes-sobre-la-congelacion-de-ovulos/

3. Kesharwani, D. K., Mohammad, S., Acharya, N., & Joshi, K. S. (2022). Fertility With Early Reduction of Ovarian Reserve. Cureus, 14(10), e30326. https://doi.org/10.7759/cureus.30326

¿Hay un momento “adecuado” para ser madre? Claves médicas, personales y sociales

 

Decidir si queremos ser madres, y en qué momento es una de las decisiones más importantes y complejas a nivel vital. No existe un “momento perfecto” universal, ni una única forma correcta de vivir este proceso. Sin embargo, sí hay múltiples factores que pueden ayudarnos a reflexionar y a tomar una decisión más informada y alineada con nuestras circunstancias personales.

Este camino no siempre es lineal. A veces surge como un deseo claro, otras como una duda que se va construyendo con el tiempo. Y en muchos casos, se ve influido por aspectos biológicos, emocionales, sociales o profesionales que conviven entre sí.

El objetivo de este artículo no es dar respuestas cerradas, sino acompañar esa reflexión desde una mirada amplia, realista y sin juicios.

La edad biológica y la fertilidad: un factor importante, pero no único

Desde el punto de vista médico, la edad es uno de los factores que más influye en la fertilidad, especialmente en las mujeres. A partir de los 35 años, la reserva ovárica y la calidad de los ovocitos tienden a disminuir de forma más acelerada, lo que puede afectar a la probabilidad de embarazo y aumentar el riesgo de complicaciones¹.

En los hombres, aunque el impacto de la edad es más progresivo, también puede influir en la calidad del esperma y en el tiempo necesario para lograr una gestación².

Esto no significa que haya una “edad ideal” universal para ser madre o padre, sino que el tiempo biológico es un elemento a tener en cuenta dentro de la planificación reproductiva. La realidad es que cada persona llega a este punto en un momento distinto de su vida, y no siempre coincide con las expectativas sociales o personales.

Por eso es importante realizar revisiones médicas y contar con una valoración individualizada que permita conocer la situación de cada caso, ya que cada persona y cada proceso son distintos.

El momento personal y emocional: más allá de la biología

Más allá de los factores médicos, el momento vital juega un papel clave. La decisión de ser madre suele estar atravesada por preguntas como: ¿me siento preparada?, ¿qué deseo en este momento de mi vida?, ¿cómo encaja la maternidad en mi proyecto personal?

No existe una respuesta correcta, porque no se trata de cumplir un checklist, sino de entender cómo encaja la maternidad en la propia historia de vida. El bienestar emocional, la estabilidad personal y la sensación de apoyo (o no) pueden influir significativamente en cómo se vive la decisión, tanto antes como durante el proceso.

También es importante reconocer que la “preparación” total rara vez existe. Muchas personas describen la maternidad como un proceso que se construye sobre la marcha, más que como una decisión tomada desde la certeza absoluta.

Contexto social y profesional: una decisión que no se toma en solitario

La maternidad no ocurre en el vacío. El entorno social, económico y profesional influye de forma directa en cómo se plantea esta decisión. Aspectos como la estabilidad laboral, la conciliación, el acceso a recursos de apoyo o la red familiar disponible pueden condicionar tanto el momento como la forma de vivir la maternidad.

En muchos casos, la falta de medidas de conciliación o la presión laboral llevan a posponer la decisión. Esto es especialmente relevante en sociedades donde la maternidad tardía es cada vez más frecuente.
Comprender estos factores no implica que la decisión deba estar determinada por ellos, pero sí ayuda a contextualizarla y a reducir la sensación de responsabilidad individual exclusiva sobre algo que también es estructural.

Hoy en día, existen múltiples formas de construir una familia. La maternidad en pareja sigue siendo una de las más comunes, pero no es la única.

Cada vez más personas optan por la maternidad en solitario, una decisión que puede ser fruto de una elección consciente o del momento vital en el que se encuentran. En estos casos, los procesos de reproducción asistida pueden jugar un papel importante, siempre acompañados de asesoramiento médico y emocional adecuado.

También existen parejas que, tras dificultades para lograr el embarazo, recurren a técnicas de reproducción asistida como la inseminación artificial o la fecundación in vitro, entre otras opciones³. Hablar de estos caminos no implica compararlos, sino reconocer que la maternidad puede construirse de formas muy diversas, todas ellas válidas y legítimas.

Aunque existan factores médicos, sociales y profesionales que influyen, la decisión final es profundamente personal. En ocasiones, la presión externa o interna puede generar la sensación de que hay que decidir “a tiempo”. Sin embargo, cada historia es diferente, y no existe una única línea temporal válida.

Tomarse el tiempo para reflexionar, informarse y explorar las opciones disponibles puede ayudar a tomar una decisión más consciente y alineada con los propios deseos.

Referencias:
1. Ivi. (2025, 26 diciembre). Reserva ovárica: Qué es, cómo se mide y por qué es clave para tu fertilidad. IVI. https://ivi.es/blog/que-hormonas-determinan-la-reserva-ovarica/
2. Human Reproduction, Volume 38, Issue 10, October 2023, Pages 1861–1871, https://doi.org/10.1093/humrep/dead157
3. Sociedad Española de Fertilidad – SEF. (s. f.).
https://www.sefertilidad.net/?seccion=pacientesSEF&subSeccion=detalleTematico&id=xCyL5nuQjMbBT1capm-_0Ssg8G2mnnddITTF5QcyjGs

Hábitos saludables para cuidar tu fertilidad de forma natural

 

Cuando hablamos de fertilidad, muchas veces pensamos directamente en tratamientos médicos o en técnicas de reproducción asistida. Sin embargo, antes incluso de llegar a ese punto, o como complemento a él, hay algo que también forma parte del proceso: nuestro estilo de vida. 

La forma en la que nos alimentamos, descansamos, gestionamos el estrés o nos relacionamos con nuestro propio cuerpo puede influir en la salud reproductiva. No se trata de establecer reglas estrictas ni de asumir responsabilidades individuales sobre algo tan complejo como la fertilidad, sino de entender que pequeños hábitos cotidianos pueden contribuir al bienestar general… Y, con ello, también al reproductivo. 

Cuidar la fertilidad de forma natural no garantiza resultados, pero sí puede ayudarnos a transitar este camino desde un mayor equilibrio físico y emocional. 

El impacto del estilo de vida en la fertilidad 

La fertilidad está influida por múltiples factores, muchos de ellos biológicos o médicos. Pero también sabemos que ciertos hábitos pueden afectar a la calidad ovárica, la ovulación o la calidad del esperma. 

Diversos estudios han observado que factores como la alimentación, el peso corporal, el consumo de sustancias o el nivel de estrés pueden tener un impacto en la función reproductiva¹. Por ejemplo, mantener un índice de masa corporal dentro de rangos saludables se asocia con una mejor regulación hormonal, mientras que tanto el bajo peso como el sobrepeso pueden alterar la ovulación. 

Además, el estilo de vida no solo influye en la probabilidad de concepción, sino también en cómo se vive el proceso. Sentirse físicamente bien, con energía y equilibrio, puede marcar una diferencia importante en el bienestar global. 

Alimentación y fertilidad: más allá de una dieta concreta  

No existe una “dieta de la fertilidad” universal, pero sí hay patrones alimentarios que se asocian con una mejor salud reproductiva. 

Una alimentación variada y equilibrada, rica en frutas, verduras, proteínas de calidad, grasas saludables y cereales integrales, puede favorecer el correcto funcionamiento del organismo. Algunos nutrientes como el ácido fólico, el hierro, el zinc o los ácidos grasos omega-3 han sido relacionados con la salud reproductiva². 

Más que centrarnos en alimentos concretos, suele ser más útil pensar en hábitos sostenibles en el tiempo: comer de forma regular, priorizar alimentos frescos y reducir el consumo de ultra procesados. 

También es importante recordar que la relación con la comida debe ser saludable, evitando enfoques restrictivos que puedan generar estrés o culpa. 

Movimiento y descanso: encontrar el equilibrio  

La actividad física moderada también forma parte de un estilo de vida saludable. Mantenerse activo puede ayudar a regular el metabolismo, mejorar la circulación y contribuir al equilibrio hormonal. 

Sin embargo, como ocurre con muchos aspectos relacionados con la fertilidad, el equilibrio es clave. El ejercicio excesivo o muy intenso, especialmente si va acompañado de una ingesta calórica insuficiente, puede tener el efecto contrario y alterar el ciclo menstrual³. 

El descanso, por su parte, es otro pilar fundamental. Dormir bien no solo influye en la energía diaria, sino también en la regulación hormonal y en la gestión del estrés. 

El papel del estrés en el proceso 

El estrés no es la causa directa de la infertilidad, pero sí puede influir en cómo responde el cuerpo y en cómo se vive el proceso. 

Atravesar dificultades reproductivas suele implicar incertidumbre y, en muchos casos, una carga emocional importante. En este contexto, aprender a identificar y gestionar el estrés puede ser de gran ayuda. 

Algunas estrategias como la respiración consciente, la práctica de mindfulness o simplemente reservar espacios de descanso pueden contribuir a generar mayor bienestar. Estudios en el ámbito de la psicología de la reproducción sugieren que reducir los niveles de estrés puede mejorar la calidad de vida de las personas en búsqueda de embarazo⁴. 

Existen otros factores cotidianos que también pueden influir en la fertilidad y que, en ocasiones, pasan desapercibidos. El consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias se ha asociado con una menor calidad reproductiva tanto en hombres como en mujeres, por lo que reducir o eliminar estos hábitos puede ser una medida importante dentro del cuidado global de la salud3. 

También es recomendable revisar con profesionales sanitarios cualquier medicación o suplemento, así como realizar controles periódicos que permitan tener una visión completa del estado de salud. En muchos casos, contar con esta información aporta mayor tranquilidad y ayuda a tomar decisiones más informadas durante el proceso. 

Incorporar pequeños cambios en el día a día no debería vivirse como una obligación, sino como una forma de cuidado personal. No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo posible y sostenible. 

 

 

 

Referencias:  

  1. FIVClinic. (s.f.). Hábitos de vida y reproducción: cómo el estrés, la alimentación y los tóxicos afectan la fertilidadhttps://fivclinic.es/habitos-vida-reproduccion-como-estres-alimentacion-toxicos-afectan-fertilidad/ 
  2. Quirónsalud. (2025, 20 de mayo).Existe una pauta nutricional para mejorar la fertilidadhttps://www.quironsalud.com/blogs/es/hablemos-nutricion/existe-pauta-nutricional-mejorar-fertilidad 
  3. Sociedad Española de Fertilidad – SEF. (s.f.).Decálogo para potenciar tu fertilidadhttps://www.sefertilidad.net/?seccion=pacientesSEF&subSeccion=consejos 
  4. Rooney, K. L., & Domar, A. D. (2016).The impact of stress on fertility treatmentCurrent Opinion in Obstetrics and Gynecology, 28(3), 198–201. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26907091/ 

 

El papel del acompañamiento emocional durante un proceso de fertilidad

 

Cuando hablamos de fertilidad solemos centrarnos en las técnicas médicas: tratamientos, tasas de éxito, pruebas diagnósticas o protocolos clínicos. Sin embargo, quienes atraviesan un proceso de reproducción asistida saben que la experiencia va mucho más allá de lo médico. 

Detrás de cada consulta, de cada prueba o de cada intento, hay emociones muy intensas: esperanza, incertidumbre, ilusión, miedo o incluso frustración. Por eso, cada vez hablamos más de algo que durante años ha quedado en un segundo plano: el acompañamiento emocional durante el proceso. 

Entender que la fertilidad también tiene una dimensión psicológica no significa restar importancia al tratamiento médico. Al contrario: significa reconocer que ambos aspectos forman parte del mismo camino. 

El impacto emocional de los procesos de fertilidad 

Intentar tener un hijo y encontrar dificultades puede generar una carga emocional considerable. La incertidumbre sobre los resultados, los tiempos de espera o la sensación de pérdida de control pueden afectar al bienestar psicológico de quienes lo viven. 

Una investigación publicada en la revista científica Human Reproduction señala que aproximadamente el 40 % de las mujeres con infertilidad presentan síntomas de depresión clínicamente significativos durante el proceso, lo que refleja el importante componente emocional asociado a las dificultades reproductivas¹. 

Esto no es sorprendente si pensamos en todo lo que implica: decisiones importantes, expectativas personales, presiones sociales e incluso la gestión de información médica compleja. Muchas veces, además, las personas sienten que su entorno no termina de comprender lo que están viviendo. 

Por eso, cada vez más especialistas insisten en la importancia de integrar el apoyo psicológico dentro de los tratamientos de fertilidad. No como algo opcional, sino como una parte más del cuidado integral. 

Acompañar también significa escuchar 

El acompañamiento emocional no consiste únicamente en “sentirse mejor”. En muchos casos, tiene que ver con disponer de un espacio seguro donde poder expresar dudas, miedos o expectativas sin sentirse juzgado. 

Profesionales de la psicología especializados en reproducción señalan que hablar abiertamente de lo que ocurre durante el proceso ayuda a gestionar mejor la incertidumbre y a reducir la sensación de aislamiento que a veces aparece. Destacan que verbalizar las emociones puede facilitar la adaptación a las diferentes fases del tratamiento². La Sociedad Española de Fertilidad subraya que este tipo de acompañamiento psicológico, mediante psicoeducación y pautas emocionales específicas para cada fase del tratamiento (como la gestión de expectativas, la beta espera o malas noticias), se traduce en una menor tasa de abandono de los tratamientos y una mayor tasa de embarazos y nacidos vivos frente a quienes solo reciben atención médica rutinaria³. 

También es importante entender que no todas las personas viven el proceso de la misma manera. Algunas necesitan hablar mucho sobre ello; otras prefieren mantenerlo en un círculo más íntimo. Ambas formas de afrontarlo son válidas. 

El objetivo del acompañamiento no es marcar cómo debe sentirse alguien, sino ofrecer herramientas para transitar el proceso de la forma más saludable posible. 

El papel del entorno cercano 

Además del apoyo profesional, el entorno personal también juega un papel importante. Pareja, familia o amistades pueden convertirse en una red de apoyo fundamental si existe comprensión y empatía. 

A veces basta con gestos sencillos: escuchar sin presionar, respetar los tiempos de la persona o evitar preguntas que puedan resultar incómodas. Frases bienintencionadas como “relájate y ya llegará” o “seguro que pronto lo conseguirás” pueden generar más presión de la que imaginamos. 

Comprender que cada proceso tiene su propio ritmo ayuda a crear un entorno más respetuoso y emocionalmente seguro. 

La reproducción asistida ha avanzado enormemente en las últimas décadas, ofreciendo cada vez más opciones y mejores resultados. Pero, junto a los avances médicos, también ha crecido la conciencia sobre la importancia del bienestar emocional durante el camino. 

El acompañamiento psicológico, el apoyo del entorno y el acceso a información clara pueden marcar una diferencia significativa en cómo se vive todo el proceso. No porque eliminen las dificultades, sino porque ayudan a afrontarlas con más herramientas y menos sensación de soledad. 

Al final, hablar de fertilidad no debería limitarse a los tratamientos. También implica hablar de las personas que los atraviesan, de sus emociones y de la importancia de sentirse acompañadas en cada paso del camino. 

 

 

Referencias:  

  1. Crawford, N., Hoff, H. S., Mersereau, J. E. (2017). Infertile women who screen positive for depression are less likely to initiate fertility treatments. Human Reproduction. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28073974/
  2. Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE). Atención psicosocial de rutina en casos de infertilidad y reproducción asistida. Guía para el equipo de fertilidad. ESHRE, 2015. 
  3. Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Acompañamiento psicológicohttps://www.sefertilidad.net/?seccion=pacientesSEF&subSeccion=detalleTematico&id=zE6OLfOgRhwmwyVHioa-SECulW1mabvMf7xYZcaeYc4 

 

 

 

 

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