Estadísticas actuales sobre fertilidad y su impacto en la planificación familiar

Cuando hablamos de fertilidad, pocas veces lo hacemos desde los datos. Normalmente lo hacemos desde la experiencia personal, desde lo que vemos a nuestro alrededor o desde aquello que damos por hecho: que cuando llegue el momento, todo irá bien. Sin embargo, las estadísticas actuales sobre fertilidad nos invitan a mirar esta realidad con un poco más de perspectiva. 

La fertilidad se ha convertido en uno de los grandes temas de nuestro tiempo, no solo por su impacto demográfico, sino porque influye directamente en decisiones vitales tan importantes como cuándo y cómo formar una familia. Hoy, tener hijos ya no responde a un patrón único ni predecible. Los ritmos han cambiado, las circunstancias también, y la biología —aunque sigue ahí— a menudo queda en un segundo plano. 

Hablar de datos no es hablar de presión. Para mí, es una forma de ofrecer contexto y acompañar mejor las decisiones que cada persona toma a lo largo de su vida reproductiva. 

La fertilidad en el mundo: una tendencia a la baja 

A nivel global, la tasa de fecundidad —el número medio de hijos por mujer— ha disminuido de forma sostenida en las últimas décadas. Según organismos internacionales como el Banco Mundial o la Comisión Europea, la fecundidad mundial se sitúa actualmente en torno a los 2,3 hijos por mujer. 

Esta tendencia no es homogénea, pero sí muy clara en Europa. En la Unión Europea, la tasa de fecundidad alcanzó en 2023 uno de sus mínimos, situándose en torno a 1,38 nacimientos por mujer. Son cifras que a menudo se asocian a debates sobre envejecimiento poblacional o sostenibilidad económica, pero que en realidad reflejan algo mucho más cercano: cada vez más personas tienen menos hijos de los que imaginaban o retrasan la decisión de tenerlos hasta etapas más avanzadas de la vida. 

Detrás de estos números hay historias personales, decisiones meditadas y, en muchos casos, circunstancias que no siempre dependen de un deseo consciente de posponer la maternidad o la paternidad. 

Retraso en la maternidad: una tendencia consolidada 

Uno de los factores que más claramente explica el descenso de la natalidad es el retraso en la edad a la que se tiene el primer hijo. En países como España o Italia, el primer hijo llega hoy, de media, en torno a los 32 años. 

Este retraso responde a muchos factores que forman parte de nuestra realidad cotidiana: más años dedicados a la formación, inestabilidad laboral en las primeras etapas profesionales, dificultades para acceder a una vivienda o mayores exigencias de conciliación. La maternidad ya no se vive como un punto de partida, sino como una decisión que requiere una base sólida previa. 

Lo que a veces olvidamos es que la fertilidad biológica sigue un ritmo distinto. A partir de determinadas edades, la probabilidad de concebir disminuye progresivamente, incluso en personas sin problemas de salud aparentes. Este desfase entre el calendario social y el biológico tiene un impacto directo en la planificación familiar y explica por qué muchas personas se enfrentan a dificultades que no esperaban. 

Infertilidad: una realidad frecuente y global 

En este contexto, la infertilidad emerge como un factor clave que con frecuencia se subestima. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta infertilidad a lo largo de su vida. Este dato ayuda a normalizar una realidad que durante mucho tiempo se ha vivido en silencio. 

La infertilidad puede afectar tanto a mujeres como a hombres y no distingue entre países ni niveles de ingresos. Muchas personas descubren que concebir no es inmediato cuando deciden buscar un embarazo, y en esos casos el tiempo vuelve a convertirse en un elemento decisivo. Iniciar la búsqueda en edades más avanzadas puede reducir el margen para el diagnóstico, el acompañamiento y la toma de decisiones con calma. 

Diversos estudios señalan que el retraso en la maternidad y la paternidad puede aumentar la distancia entre el número de hijos que se desean y los que finalmente se tienen. No siempre se trata de una renuncia consciente, sino de un contexto que no siempre juega a favor. 

Información para planificar con mayor conciencia 

En un escenario como el actual, la información se convierte en una herramienta clave. Conocer cómo evoluciona la fertilidad con la edad, entender que la infertilidad es relativamente frecuente y saber que existen opciones de acompañamiento permite planificar con mayor conciencia y menos incertidumbre. 

Hablar de fertilidad a partir de datos no debería generar alarma, sino claridad. Las estadísticas no dictan decisiones individuales, pero sí ayudan a desmontar mitos muy arraigados, como la idea de que siempre habrá tiempo o de que la fertilidad está garantizada independientemente de la edad. 

Integrar la salud reproductiva en la planificación vital —igual que hacemos con otros aspectos importantes de nuestra vida— permite tomar decisiones más alineadas con nuestros deseos y circunstancias. Informarse y consultar no implica adelantar etapas, sino ampliar opciones y reducir la improvisación. 

En un mundo en el que las trayectorias personales son cada vez menos lineales, contar con información fiable sobre fertilidad es, para mí, una forma de acompañar mejor y de decidir con mayor tranquilidad y libertad. 

 

Otras fuentes consultadas 

  • OCDE. Society at a Glance 2024: OECD Social Indicators.
  • The Lancet. Global fertility trends and forecasts, 1950–2100. Global Burden of Disease Study 2021. 

El método ROPA, la técnica de reproducción asistida con dos madres

En el último año se ha hablado mucho del método ROPA, y más desde que la conocida influencer Dulceida anunciara su embarazo con los óvulos de su mujer gracias a esta técnica. Por eso hoy os quiero hablar del método ROPA, la técnica de reproducción asistida con dos madres, porque no hay nada peor que la desinformación o los bulos, y más en temas de salud.

La primera duda que surge es ¿de dónde sale ese nombre? Pues bien, lo hace de las siglas en inglés de “Reception of Oocytes from Partner” (Recepción de Óvulos de la Pareja), y consiste exactamente en eso, en que una mujer, la que va a estar embarazada, recibe los óvulos de su pareja fecundados con el esperma de un donante. De este modo, ambas mujeres son una parte importante de la gestación de su hijo, una es la madre genética y la otra la madre gestante.

Las tasas de éxito del método ROPA suelen ser más altas que las de la Fecundación in Vitro, que, según la SEF son de un 34-35% en las mujeres menores de 40 años y de un 24 % en las mujeres mayores de 40 años. Esto se debe a que las parejas que deciden realizar esta técnica de reproducción asistida suelen ser más jóvenes y no tienen ningún problema para quedarse embarazadas, por lo que algunas clínicas aseguran que la tasa de éxito del método ROPA es de un 60% o superior.

¿Y cómo funciona esta maternidad compartida? Lo primero que hay que hacer es determinar cuál de las mujeres va a ser la donante de óvulos, lo que se decide después de un examen ginecológico completo a ambas y de las preferencias de la pareja. Lo más aconsejable es que la donante tenga menos de 35 años, y hay que tener en cuenta su reserva ovárica y el resultado de su hormona antimulleriana. La madre gestante, por su parte, debe gozar de buena salud, no presentar ninguna patología uterina, como miomas o pólipos que puedan dificultar la implantación en el endometrio, ni diabetes o hipertensión, que pueden afectar tanto a la madre como al feto.

La mujer que vaya a aportar sus óvulos empieza la estimulación ovárica, que consiste en unas inyecciones de hormonas diarias (que puede ponerse ella misma o su pareja) durante unos 10 días. Con esta estimulación se consiguen varios óvulos, en lugar de uno solo, que es lo que produce una mujer en un ciclo regular. Una vez que los óvulos de la madre genética han alcanzado el tamaño adecuado, se le realiza la punción ovárica para extraerlos, un procedimiento que se lleva a cabo bajo sedación para minimizar las molestias. Los óvulos extraídos se fecundan con esperma de un donante en el laboratorio, y los embriones resultantes se cultivan durante unos días hasta que alcanzan el estadio óptimo para la transferencia.

En paralelo, la madre gestante comienza la preparación endometrial, que consiste en un tratamiento hormonal para para acondicionar su endometrio y aumentar así las probabilidades de implantación. Cuando su útero está preparado, se transfiere el embrión de más calidad mediante un procedimiento sencillo e indoloro y tras el que puede irse a casa. Entonces toca esperar, llegan esos días conocidos como betaespera, que es el tiempo que pasa entre la transferencia embrionaria y la prueba de embarazo. Esta se realiza mediante una analítica de sangre, que es mucho más fiable que la de orina, y si sale positiva se confirma a los 20 días, aproximadamente, mediante una ecografía. Llegado este momento, el embarazo llevaría los mismos controles que uno que se haya producido de forma natural.

Los embriones que no se han transferido a la paciente se conservan mediante un proceso de vitrificación, para poder ser usados en caso de no lograrse un embazado en el primer intento o por si la pareja quisiera tener más bebés.

Uno de los factores que más preocupan a las mujeres es la elección del donante de semen; en España las receptoras no pueden participar en esta elección, esto lo realiza el equipo médico tras hacer una serie de pruebas médicas y genéticas exhaustivas para asegurar la salud y calidad del esperma. En este proceso, el equipo también selecciona donantes con una similitud física a las mujeres o tenido en cuenta sus preferencias.

No podemos olvidar la parte emocional, ya que hay casos en los que, una vez dado a luz, la madre gestante puede sentir que el bebé es menos suyo al no llevar su carga genética, del mismo modo que la madre genética puede sentir que es menos suyo al no haberlo parido. Como en todos los casos en lo que se el embarazo se logra gracias a técnicas de reproducción asistida, es aconsejable acudir a terapia para trasladar todos los miedos que puedan surgir antes, durante, y después del proceso. En el caso de la madre gestante, aunque es cierto que el bebé no lleva su carga genética, es importante destacar que el embrión se desarrolla en su cuerpo y que todos los nutrientes que tome se ponen a disposición del desarrollo y crecimiento de ese bebé y que, en esos 9 meses en el líquido amniótico, su expresión génica vendrá determinada desde el útero materno.

Como digo siempre, gracias a los avances de la ciencia hemos conseguido lo impensable hace tan solo unos años, que una pareja formada por mujeres sean madres, ambas, de un bebé, con los mismos derechos y responsabilidades.

La congelación de óvulos está dejando de ser un tabú

Cada vez son más las mujeres que hablan abiertamente de temas relacionados con la fertilidad, y, gracias a esto, la congelación de óvulos está dejando de ser un tabú. Esta opción permite a las mujeres tener la posibilidad de ser madres sin depender de su reloj biológico.

Iba a titular este post en pasado, pero me parecía demasiado arriesgado; creo que decir que la congelación de óvulos está dejando de ser un tabú es más acertado. Aunque no esté del todo conseguido, estamos en ello, y es una magnífica noticia que la sociedad avance, porque hace no mucho ya solo hablar de infertilidad podía sacar los rubores a más de una, y contar que había sido madre gracias a la reproducción asistida ni os cuento.

La congelación de óvulos ha estado presente en España desde la década de 1980, aunque inicialmente se consideraba un procedimiento experimental y controvertido. La Ley 35/1988 sobre Técnicas de Reproducción Asistida indicaba que “no se autorizará la crioconservación de óvulos con fines de Reproducción Asistida, en tanto no haya suficientes garantías sobre la viabilidad de los óvulos después de su descongelación.» El primer bebé que nació en España fruto de óvulos congelados lo hizo en septiembre de 2002 en Barcelona, y no estuvo exento de polémica, el Ministerio y la Conselleria de Sanidad abrieron un expediente informativo para investigar los hechos. En 2003 se modificó la disposición de la ley de 2022, el Real Decreto 120/2003 tenía por objeto “regular los requisitos para autorizar la realización de experiencias controladas, con fines reproductivos, de fecundación de ovocitos o tejido ovárico previamente congelados, relacionadas con las técnicas de reproducción humana asistida”.

En 2010, la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) empezó a contabilizar el número de mujeres que congelaban sus óvulos, y registró 129. Ahora son cerca de 5.000 las que cada año deciden congelar sus óvulos, sin incluir en esta cifra las que lo hacen por motivos médicos, es decir, porque se van a someter a un tratamiento (generalmente quimioterapia o radioterapia), que puede condicionar su fertilidad. Este aumento en el número de mujeres que deciden preservar su fertilidad se debe, principalmente, a dos factores:

  • Tecnológico: durante los primeros años del desarrollo de esta técnica, los métodos de congelación lenta a menudo resultaban en la formación de cristales de hielo que dañaban los óvulos. Sin embargo, la introducción de la vitrificación, un proceso de congelación ultra rápida, ha mejorado significativamente las tasas de éxito. La vitrificación reduce la formación de cristales de hielo, aumentando así la viabilidad de los óvulos una vez descongelados y mejorando las posibilidades de un embarazo exitoso.
  • La sociedad contemporánea ha visto un cambio en las prioridades y el comportamiento reproductivo de las mujeres. Cada vez son más las que optan por retrasar la maternidad para enfocarse en sus carreras, educación y desarrollo personal. La congelación de óvulos ofrece una solución para aquellas que desean tener hijos más adelante, sin comprometer la calidad de sus óvulos debido al envejecimiento. Esta opción les permite tomar control sobre su reloj biológico, alineando mejor sus planes de vida con sus objetivos reproductivos.

 

Estos dos factores han hecho que la congelación de óvulos haya pasado de ser un tema tabú a algo de lo que se habla con normalidad, a lo que han contribuido también las declaraciones de muchas famosas que han reconocido abiertamente que fueron retrasando la idea de ser madres hasta que se les hizo demasiado tarde. Este aumento indica también que en las consultas de ginecología se está empezando a explicar cómo se puede preservar la fertilidad, lo que, en mi opinión, es esencial, ya que la información permite a tomar mejores decisiones y más realistas sobre su salud reproductiva.

Como todos sabemos, España es el segundo país de la Unión Europea con la tasa de natalidad[1] más baja, lo que está directamente relacionado con la edad de la maternidad. Hay más mujeres que son madres con 40 años que con menos de 30, y teniendo en cuenta que la fertilidad de la mujer cae a partir de los 35 años, si muchas de las mujeres que se plantean ser madres a los 40 años hubieran congelado sus óvulos en una edad más temprana, podrían usar esos óvulos y tener las mismas posibilidades de éxito que si hubieran intentado quedar embarazadas a la edad a la que congelaron sus óvulos.

 

[1] https://ine.es/prensa/mnp_2022.pdf

Congelar los óvulos después de haber sido madre

En esta ocasión quiero hablar de congelar los óvulos después de haber sido madre, una opción para muchas mujeres que quieren retrasar un segundo embarazo por motivos personales, laborales u otras circunstancias.

Me habéis leído muchas veces hablar de la importancia de tomar decisiones a tiempo para no arrepentirnos en el futuro, y de lo importante que es tener información veraz para esto. Cuando os hablo de la congelación de óvulos y de la ventaja que supone para las mujeres poder elegir en que momento ser madres sin depender del reloj biológico, normalmente lo hago pensado en mujeres que no tienen hijos, pero que quieren tenerlos más adelante, no suelo hablar de la posibilidad de congelar óvulos después de haber sido madre. Sin embargo, hay muchas mujeres que, ya teniendo un hijo y queriendo tener más, quieren retrasar esa segunda maternidad, bien sea por cuestiones personales, laborales, o cualquier otra circunstancia.

Para algunas mujeres, el hecho de convertirse en madre no satisface todas sus necesidades reproductivas. Después de experimentar la maternidad, algunas pueden darse cuenta de que desean tener más hijos, pero las circunstancias actuales no se lo permiten. Congelar óvulos podría ser una opción para preservar la fertilidad y la capacidad de tener más hijos más adelante. Esta decisión puede estar influenciada por varios factores; uno de ellos es el deseo de ampliar la familia en el futuro, ya sea con una nueva pareja o simplemente para dar a los hijos actuales hermanos biológicos. También puede haber consideraciones médicas, como un diagnóstico de enfermedad que podría afectar la fertilidad en el futuro o una infertilidad secundaria, o bien por la edad de la mujer, ya sabemos que a partir de los 35 años la fertilidad disminuye considerablemente.

La idea de congelar óvulos después de haber sido madre genera muchas dudas, aunque es un tema del que se habla poco. ¿Es posible congelar óvulos teniendo ya hijos?, ¿puede condicionar mi fertilidad futura? Para la primera pregunta la respuesta es sí, en este sentido no hay ninguna diferencia entre una mujer que ha tenido hijos previamente y una que no, el procedimiento es el mismo y las recomendaciones también: es aconsejable hacerlo antes de los 35 años, de esta forma los ovocitos serán conservados con sus características originales para su uso futuro. A partir de los 38 años se produce una pérdida en la calidad ovocitaria, es decir, la reserva de óvulos en el ovario disminuye, y su maduración se ve afectada, lo que resulta en una menor probabilidad de embarazo y un mayor riesgo de anomalías cromosómicas que pueden llevar a un aborto o al desarrollo de alguna enfermedad. Las mujeres de menos de 35 años tienen más posibilidades de lograr un embarazo y que este llegue a término, y a la hora de congelar estos óvulos, se obtendrán más y de mejor calidad gracias a la estimulación ovárica.

En cuanto a la segunda pregunta, congelar óvulos no afecta a la fertilidad futura, lo que se explica por el funcionamiento del ovario femenino. Al inicio de cada ciclo menstrual, el ovario selecciona entre 10 y 20 óvulos, pero solo uno de ellos alcanzará la madurez para la ovulación. Los demás óvulos se pierden de manera natural. Esta pérdida ocurre de forma regular cada mes, sin importar si la mujer está tomando anticonceptivos.

En un ciclo de congelación de óvulos, lo que se hace es preservar esos óvulos que, en un ciclo menstrual normal, se perderían. Por tanto, la congelación de óvulos no reduce la fertilidad, ni afecta la reserva de óvulos, ni adelanta la menopausia ni desencadena una menopausia precoz. Es decir, que una mujer que ha congelado sus óvulos para tener cierta tranquilidad futura se podría quedar embarazada de forma natural independientemente de si hubiera congelado óvulos o no.

 

Emociones y tratamientos de reproducción asistida

pareja

Cuando a una mujer o a una pareja se les da un diagnóstico de infertilidad, son muchas las emociones que surgen y más cuando empiezan los tratamientos de reproducción asistida, muchas de estas emociones son negativas. Hablamos con Cristina López López, psicóloga de IVI Madrid y coordinadora del grupo de interés psicológico de la Sociedad Española de la Fertilidad (SEF) sobre cómo manejar estas emociones y aprender a gestionarlas de cara a los tratamientos de reproducción asistida.

 

Emociones y tratamientos de reproducción asistida

Como veis, vamos a seguir hablando de psicología, porque otra de las cosas de las que me habló Cristina López López, psicóloga de IVI Madrid y coordinadora del grupo de interés psicológico de la Sociedad Española de la Fertilidad (SEF), fue de las emociones en los tratamientos de reproducción asistida.

Ya hemos hablado de lo importante que es cuidar la salud mental cuando a una mujer o a una pareja que esta buscando un embarazo se le diagnostica infertilidad; afortunadamente, cada vez hay mayor conciencia social y son muchas las pacientes que ya cuentan con apoyo emocional antes de ir a una clínica, y como ellas mismas dicen, esto les ayuda en la forma de afrontar los tratamientos, pero muchas otras llegan a los centros de fertilidad sin haber asimilado todavía el diagnóstico y con sentimientos de culpa o de frustración por no quedarse embarazadas.

 

Pregunta: ¿Qué tipo de emociones suelen sentir las pacientes?

Respuesta: Las emociones son procesos psicológicos que tienen un papel adaptativo cuándo interpretamos una  situación como amenaza. Las emociones que sentimos ante lo que estamos viviendo está en función de cómo percibamos la situación y las habilidades de gestión emocional que tengamos.

Las emociones son diferentes dependiendo el momento del tratamiento en el que se encuentren. Hay  que tener en cuenta que el hecho de tener que acudir a reproducción asistida para poder cumplir con  nuestro deseo de ser madre, ya conlleva cambios importantes que, en su gran mayoría son estresores que se suman, siendo los más relevantes a nivel económico, a nivel físico y sobre todo a nivel emocional.

Las pacientes suelen percibir los tratamientos como una amenaza para conseguir su sueño. La pérdida de control que sienten se ve reforzada ante muchas variables, como la cantidad de información de aspectos desconocidos que reciben, la administración de medicación que no es agradable o controlar  las expectativas de tener buenos resultados. Pueden sentir indefensión ante la sensación de que no  pueden hacer nada por ellas mismas y tienen que fiarse de personas ajenas para cumplir su sueño.  Esta percepción tiende a que muchas pacientes busquen el control de la situación modificando actividades o situaciones cotidianas como cambiar la alimentación, dejar de hacer deporte, no salir en  exceso… con la idea de que pueda contribuir a un mayor éxito.

Cuando los tratamientos terminan en resultados negativos, las emociones son mucho más difíciles de   gestionar, siendo la rabia, la culpa, el miedo a no conseguirlo nunca o tristeza las más recurrentes.

También hay que mencionar los duelos que se viven en muchas situaciones, que contienen mucho dolor, desesperanza y rabia y que, incluso, hacen sentir la necesidad de abandonar.

 

Pregunta: ¿Cuáles son las recomendaciones básicas, a nivel emocional, que necesita una mujer o una pareja que acude a un centro de fertilidad porque no consigue quedarse embarazada de forma natural?

Respuesta: Lo primero es aceptar la situación, es decir, ser capaz de aceptar con naturalidad las emociones que puedan ir surgiendo, sin culparse, ayuda a superar sentimientos como la frustración, la tristeza y el  miedo.

Ser positivos dentro del realismo. Es importante tener la información suficiente para gestionar las expectativas y confiar en el equipo médico, del mismo modo que es también importante tener respuesta a todas nuestras dudas.

Apoyarse en la pareja, red familiar o social. La comunicación es esencial, así como la empatía y poder compartir los procesos con nuestro entorno más cercano.

Seguir con nuestras rutinas diarias. No se debe de dejar de hacer aquello que nos hace sentir bien como es hacer deporte, viajar, salir con amigos o seguir con nuestra alimentación habitual, siempre  y cuando no tengamos contraindicación médica.

Acompañamiento psicológico. Es importante poder acudir a la unidad de psicología y buscar un profesional que nos ayude a gestionar y nos acompañe en este proceso.

 

Pregunta: Hay estudios que indican que la idea de no poder ser madre influye negativamente en la autoestima de la mujer, en su feminidad, en el entorno laboral o que podrían arruinar su relación de pareja. ¿Cuáles  son los motivos que causan el poder sentirse así a la mujer?¿Se sigue vinculando el éxito de una mujer a su capacidad reproductiva?

Respuesta: Para entender los motivos por los que una mujer afronta este proceso negativamente nos tenemos que remontar a cómo socialmente o culturalmente se nos ha educado. Desde que somos pequeñas, siempre se nos decía el gran potencial que teníamos para ser madres, que era algo innato en nosotras,  y además, durante los primeros años de nuestra juventud y etapa adulta, era un factor que teníamos que controlar porque podía perjudicar a otras áreas de nuestra vida, como el tema laboral, por ejemplo. Para ello, se nos proporcionaba muchos métodos que nos permitían tener el control de “ese poder”, como pueden ser los múltiples anticonceptivos,  como el preservativo, la pastilla anticonceptivas, el DIU, etc…

Cuándo llega un momento de nuestra vida que decidimos que es el mejor momento para ser madres y poder usar ese don que tenemos, ocurre la circunstancia de que no se da con la misma inmediatez que pensábamos. En este mismo momento, una mujer siente que ha perdido el control de algo innato en  ella, y que aparentemente era fácil de conseguir. Por supuesto que esto afecta a la autoestima y a la integridad como mujer, porque una mujer siente que no vale para lo que se esperaba de ella. En  muchas ocasiones, el sentimiento de culpabilidad es evidente.

La pérdida de control y el anhelo de conseguir algo que para ti es importante, hace que una persona empiece a sentir nerviosismo, pensamientos negativos y sobre todo, entrar en un bucle de cómo puedo conseguir mi objetivo y qué puedo cambiar yo para poder conseguirlo. De ahí viene que empecemos a centrar este objetivo, que empieza a estar fuera de nuestro control, como el foco principal de nuestras vidas, dejando en una segundo o tercer plano muchas de las cosas que componen nuestro  entorno social, familiar o laboral.

También hay que decir que el ser madre cumple con un rol importante como es el reconocimiento social  o familiar. En muchos casos, la pareja se ve resentida porque afecta al equipo y el ser madre entra dentro del  proyecto de pareja por lo que también se percibe ese sentimiento de fracaso.

El papel de la pareja es muy importante en este proceso. Es muy importante que se tengan bien asentadas las bases de comunicación, apoyo, empatía… La pareja tiene un papel a veces de indefensión, porque siente que no puede hacer nada por ella, pero también sufren mucho porque su condición de paternidad también se ve afectada y, con frecuencia no reciben la misma presión que la mujer.

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