
“¡Alicia, no sé qué te pasa últimamente, pero escribes unas cosas que no gana una para sorpresas!” “¡¡Ahora me vas a decir que, comer chicle tiene que ver con la fertilidad!!!” Pues si, a veces creo que es necesario recordar que hay que tener cuidado con estirar el chicle de maternidad, porque tiene un uso limitado.
¡No mujer! ¡Nooooooo!!! Que estemos en verano no quiere decir que me haya dado una insolación. Cuando hablo de ‘estirar el chicle’ quiero decir que todavía hay demasiadas mujeres que empiezan a pensar en la posibilidad de congelar sus óvulos cuando han pasado los 35 años. ¡Hasta un 65%! ¡¡Una pasada!! Por eso soy tan insistente con este asunto. Los óvulos jóvenes son los que tenemos que congelar prioritariamente porque hay una diferencia muy clara: su calidad.
Otra vez tienes cara de pregunta. Ya sé lo que me vas a decir, ¿y eso de la calidad en qué consiste? Pues mira, básicamente, en que los óvulos más viejos tienen más probabilidades de acumular errores en su ADN durante el proceso de división previa. Una fase que se llama ‘meiosis’ y que consiste en que los óvulos, dentro de los ovarios, son óvulos ‘primordiales’ o inmaduros. A medida que ovula, pasan a esa otra fase de la división celular de la que venimos hablando. Y ahí está el quid de la cuestión de la calidad: tener más probabilidades de tener o no óvulos genéticamente normales o anormales. Ahí es nada. Aquí sí que no hay vuelta atrás ni medias tintas que valgan. Una vez que un óvulo se vuelve ‘anormal’, no tiene solución porque o el óvulo es genéticamente normal o no. Y las posibilidades de que no lo sean aumentan con la edad de la mujer.
¡Cómo te conozco! Ya vas a lanzarme la tercera pregunta. ¿Hay alguna manera de conocer previamente la calidad del óvulo? Pues me temo que no. Esa maravillosa prueba de calidad no existe. La única forma de saber si un óvulo es cromosómicamente normal es intentar fertilizarlo y, si la fertilización tiene éxito, realizar una prueba genética en el embrión.
“Alicia, pero es que no lo entiendo. Estoy harta de ver en las revistas a un montón de influencers que son mayores de 40 años y hasta de 45 incluso, y que son madres y les va tan ricamente”. Bueno, mi querida y ‘preguntona’ amiga. Tengo que decirte que estas influencers están jugando a la ruleta. Porque, además, no nos cuentan la cantidad de intentos, los métodos y las circunstancias en las que llegan a ser madres.
Vamos a ir a lo seguro y a lo sensato. Que es mucho mejor preservar nuestros mejores óvulos cuando tenemos la oportunidad de hacerlo, que para jugar a la ruleta siempre podemos irnos a Las Vegas disfrazadas de Elvis.

“Hala, Alicia te has pasado”. Seguro que esto es lo primero que se te ha venido a la cabeza cuando has leído el título de este post, pero creo muy necesario que hablemos sobre las diferencias entre un óvulo freso y uno congelado. Lo que quería era llamar tu atención, y ¡creo que lo he conseguido!
Llevamos ya muchos meses compartiendo estos pequeños momentos de reflexión sobre el paso de gigante que ha supuesto para la humanidad que las mujeres podamos conservar nuestros óvulos y que no estemos presas de nuestro reloj biológico. Un tiempo injustamente programado, si me apuras. Porque ahora que vivimos más años y somos jóvenes más tiempo, se da la paradoja de que ese dichoso reloj se para muy pronto. Y, además, el tiempo que está funcionando tampoco nos da mucho margen para pensar qué queremos hacer.
“¡Bueno!”- dirás- “Esto ya lo tenemos claro”. Vale, es verdad que eso ya lo sabemos. Como también que lo ideal es ser madre cuanto antes, aprovechando que nuestros óvulos son jóvenes. Pero la pregunta que te planteo no va por ahí. La cosa está en que todavía hay muchas mujeres que piensan que, a pesar de que la edad juega en nuestra contra, siempre será mejor tratar de ser madre a los 40, si tenemos la suerte de quedarnos embarazadas de forma natural y con los óvulos de los que disponemos en ese momento, que recurrir a uno de esos óvulos que vitrificamos en su día.
Pues no. Es ahí donde está el error. Y te cuento por qué. Te recuerdo que las mujeres nacemos con todos los óvulos que vamos a tener a nuestra disposición durante toda nuestra vida fértil, que suele ser un millón aproximadamente. También sabemos que los 35 años es la edad en la que entramos en ‘terreno peligroso’. A esta edad, el 90% de los óvulos ya se ha perdido. Con el agravante de que los óvulos que hemos perdido eran mejores y conservaban mayor capacidad reproductora.
“¡¡Buff, Alicia!! ¡Y estamos hablando de ser madre a los 40!!”. Efectivamente, querida amiga. ¿Vas viendo por dónde va el título del post? Quédate con esta idea: a los 40, la caída es tan brusca que vamos ya en picado. No solo en reserva de óvulos, sino en calidad, y en posibilidades de quedarnos embarazadas. Que sí, que ya sé que me vas a decir que tu vecina ha sido madre con 42 años, que está tan pimpante y que ¡olé las noches sin dormir!, pero… desengáñate. No es ni lo mejor, ni lo habitual, ni lo más fácil.
Espero que, con todos estos datos, se te haya borrado de la cara esa expresión de ‘emoticono con sorpresa’. Es mucho mejor un óvulo congelado a los 33 años, que además conserva toda su calidad intacta, a empezar a jugar a la ruleta rusa a los 40 porque ‘lo natural siempre es lo mejor’ ¿De verdad crees eso?
“Vale, Alicia, me rindo. ¡Cambio mi cara de emoticono por el del pulgar hacia arriba!”.
Según el último informe de la OMS [1], la infertilidad afecta a millones de personas en todo el mundo, concretamente a 1 de cada 6, y a unos 48 millones de parejas. A pesar de estas cifras, es un tema tabú, y muchas de las personas que recurren a tratamientos de reproducción asistida no hablan de ello ni en su entorno más cercano.
No se debe confundir esterilidad con infertilidad; la esterilidad consiste en la incapacidad de conseguir un embarazo tras un año manteniendo relaciones de forma regular sin protección o seis meses si la mujer tiene más de 35 años. Se distingue de la infertilidad en algo esencial, una pareja se considera estéril cuando el espermatozoide no consigue fecundar el óvulo, en la infertilidad, si hay fecundación, pero no da lugar a una gestación.
En la mujer, la edad es uno de los factores determinantes de la infertilidad o de la esterilidad, pero puede haber otras causas, como son los trastornos de las trompas uterinas, trastornos uterinos de origen inflamatorio (como la endometriosis), un trastorno ovárico u otros del sistema endocrino que alteran los niveles de hormonas reproductivas. Sin embargo, esto no quiera decir que sea imposible lograr un embarazo a término utilizando técnicas de reproducción asistida. Se recomienda acudir a un especialista tras 12 meses mantenido relaciones con frecuencia y sin protección sin lograr una gestación, y 6 meses en el caso de que la mujer sea mayor de 35.
Junio es el mes de la fertilidad, ya que el día 4 es el Día Mundial de la Fertilidad, y lo hemos querido despedir hablando con Claudia, paciente de reproducción asistida y creadora de una cuenta de Instagram desde la que habla sin tapujos sobre la infertilidad y desde la que ayuda a mujeres que están pasando por un tratamiento de reproducción asistida. Gracias por contarnos tu experiencia y contagiarnos tu ilusión.
[1] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/infertility
El cáncer de mama en mujeres jóvenes (por debajo de 40 años) tiene una incidencia del 27,6% a nivel mundial, es el tumor maligno más frecuente en mujeres en todo el mundo. [1]. Muchas mujeres se preguntan sobre la maternidad después de un cáncer de mama. Hemos entrevistado al doctor Luis Rodríguez Tabernero, jefe de la unidad de reproducción humana asistida del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, para que nos aclare las principales dudas que surgen sobre este tema.
Cuando a una mujer le detectan un cáncer de mama, su supervivencia es su prioridad, pero con el incremento de la incidencia de este tipo de tumor en mujeres jóvenes y con el aumento de la supervivencia, la preservación de la fertilidad ha ido adquiriendo mayor importancia, y muchas mujeres, cuando son diagnosticadas, muestran su deseo por ser madres una vez terminado el tratamiento.
Como explica el doctor, “una vez que una mujer ha superado el cáncer, puede ser madre con garantías…en algunos casos de forma natural”. Sin embargo, muchos de los tratamientos contra el cáncer, como la quimioterapia, pueden dañar los ovarios, lo que pude causar infertilidad. En estos casos, se recomienda preservar la fertilidad, mediante la congelación de óvulos, antes de que comience a tratarse.
Aunque el tiempo es un factor importante, como explica el doctor Rodríguez Tabernero, entre el diagnóstico y el inicio de la quimioterapia suele haber margen para que a la mujer se le realice una estimulación ovárica para la posterior extracción de sus óvulos, que permanecerán congelados hasta que haya superado el cáncer y pueda comenzar un tratamiento de reproducción asistida, sin límite de tiempo más allá de la edad reproductiva de la mujer (en torno a los 50 años aproximadamente). El oncólogo será quien indique a la mujer el tiempo que hay que esperar desde que terminó el tratamiento contra el cáncer para comenzar uno para buscar un embarazo.
[1]International Agency for Research on Cancer

Hay otra pregunta que ronda mi cabeza y es cómo puedo saber si mis óvulos son válidos para preservarlos. Después de conocer la historia de mis tíos María Luisa y Arturo, se me ha quedado la mosca detrás de la oreja y ya no quiero correr riesgos. Pero ahora me ha dado por pensar que, a ver si después de pasar por todo el tratamiento de estimulación ovárica para recuperar los óvulos y congelarlos, resulta que mis óvulos no valen, ¿cómo saberlo?
Pues parece ser que, de antemano no es fácil saberlo. Pero, lo que sí podemos saber de forma aproximada, son los óvulos que se podrían obtener y estimar las posibilidades de que esos óvulos sobrevivan a la vitrificación y desvitrificación. Esto pinta bien entonces y me da mayor seguridad porque así podremos valorar si merece la pena realizar la estimulación que necesitamos, recuperar los óvulos y congelarlos.
También me han dicho que una vez que tenemos los óvulos, se evalúan y solo se congelan los que alcanzan un grado de madurez necesario para vitrificarlos. Es decir, que lo que no te vas a encontrar nunca es la sorpresa de creer que tus óvulos reúnen todas las condiciones, los congelan así ‘por las buenas’ y luego vas a recuperarlos y resulta que no te sirven.
Saber esto creo es súper importante, es cierto que la ciencia está de nuestro lado. Nos está ayudando a dar ese paso de gigante que supone garantizar más posibilidades de ser madres y, además, serlo en el momento apropiado para nosotras, cada una con sus circunstancias. Pero me parece muy bien que tengamos siempre claro que ‘la ciencia no hace milagros’. Quiero decir que debemos aprovechar todas las bazas que tenemos, pero que no nos dejemos llevar por espejismos, ni falsas promesas de esas que te puedes encontrar por las redes sociales o simplemente en Google, de gente interesada que no te cuenta toda la verdad.
La vitrificación de óvulos es un paso de gigante de la ciencia. Me atrevería decir que aumenta nuestro potencial como mujeres y que nos ayuda a poder planificar nuestra vida y no tener que escoger o elegir. O que nos pase como a mi tía María Luisa, que por no conocer este avance se quedó sin la oportunidad de tener una familia, como ella quería. Pero precisamente porque es ciencia y es riguroso, tenemos que saber que hay otros condicionantes- como es la calidad de nuestros óvulos- que influyen en este proceso.
El propósito de esta página web es proporcionar información educativa.
Consulta siempre a tu médico si estás preocupada por tu salud.
Las imágenes y vídeos que se muestran en esta página web corresponden a pacientes que han otorgado su consentimiento expreso, informado y por escrito para su publicación, de conformidad con el Reglamento (UE) 2016/679 (RGPD) y la Ley Orgánica 3/2018. Dichas imágenes se utilizan exclusivamente con fines informativos y divulgativos.